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La construcción pasiva debe dejar de ser un tema (mal) aislado

La construcción pasiva debe dejar de ser un tema (mal) aislado

Faltan reformas en este país. En materia de vivienda, sobre todo. La construcción pasiva es una solución a la problemática energética que vive el mundo, y de la que no escapa, lógicamente, España. En nuestro país, además, es un tema que merece mucha atención. Contamos con un parque residencia en el que abundan bloques de viviendas y casas con más de medio siglo de vida. Esos inmuebles, levantados en los años 50 y 60, suponen un importante gasto energético para las familias y comunidades de vecinos. ¿La razón principal? Su mal aislamiento.

España ha ido dando pasos en los últimos años. Se puede decir que su apuesta por el consumo eficiente de energía ha aumentado notablemente, apoyado por una normativa europea que es cada vez más estricta en este aspecto. Sin embargo, la falta de obra nueva en las capitales y las necesidades de las familias de hoy impiden esta reconversión hacia las passivhaus. De ahí que se siga repitiendo cada verano nuestra particular batalla con el aire acondicionado para lograr la temperatura perfecta en la estancia sin estar pasando del frío al calor en cuanto el aparato deja de funcionar. Con una vivienda pasiva que logre conservar la temperatura ambiente mediante un buen aislamiento, esto no pasaría. Un buen diseño y orientación del inmueble permiten un importante ahorro de energía y, por consiguiente, de dinero.

En un clima como el español, donde en verano hace mucho calor, en vez de protegernos del sol, lo buscamos. Esto supone perder una gran cantidad de energía por las ventanas, que no conservan el calor. El deficiente aislamiento térmico de las viviendas antiguas es una de las razones que hacen que la mayoría de los edificios antiguos del país cuenten con una calificación que oscila entre la D y la F. La G marca el suelo en este ranking. Si llevamos estas letras al papel del recibo de la luz, el agua y el gas, las sumas y restas dan una mejor muestra de los beneficios de la vivienda pasiva. En un hogar donde el computo de las facturas de suministros ascienda a, pongamos, 60 euros al mes, una calificación A (la más alta) permitiría a esa familia ahorrar, cada mes, casi la mitad (35 euros) de sus gastos en energía.

La Unión Europea (UE) ya ha tomado una importante decisión al respecto. A través de la directiva europea 2010/31 primero, y de la 2018/844 después, la entidad ha decretado que, a partir del 31 de diciembre de 2020, toda nueva construcción deberá cumplir con los requisitos para ser Edificios de Consumo Casi Nulo (ECCN), lo que impulsará notablemente la apuesta por el ahorro energético. Esta medida, que ya se aplica desde el pasado año en los inmuebles públicos, va en consonancia con el compromiso de la UE de reducir su consumo de energía en un 20% en el año 2020, y para ello, ha centrado su mirada en los edificios, que copan el 40% del consumo total de la Unión Europea.

Los países nórdicos son un buen espejo en el que el resto de países deberían mirarse. El gobierno sueco, por ejemplo, camina varios pasos por delante, con un plan que establece la eliminación de las emisiones de CO2 para el 2050. Y para el próximo año, la reducción del 20% de sus emisiones se comparará con las cifras de 2008, y no las de 1990, como sucede en el resto de la Unión Europea.  De vuelta a los inmuebles, estos criterios no sólo supondrán beneficios en el consumo de las familias y las empresas, sino también un mayor confort. Y es que el éxito de una casa pasiva es, precisamente, que no se note la diferencia con la arquitectura convencional. ¿Pero cómo se obtiene ese ahorro energético? ¿Cómo se logra que la temperatura interior de una vivienda o un edificio de oficinas se mantenga estable todo el año?

La construcción pasiva se basa, principalmente, en dos criterios: el primero, que la casa tenga un buen aislamiento para conservar la energía que se produce; el segundo, y no menos importante, que los equipos que generan esa energía para calentar o enfriar la casa sean eficientes. Estos dos puntales sostienen la eficiencia energética en las nuevas construcciones. Puede parecer una tarea sencilla, pero en España hemos tardado mucho tiempo en darle el valor que merece. Nuestro parque residencial flaquea de manera ostensible si se compara con el de otros países. Mientras en el norte de Europa las passivhaus ya eran comunes en los años noventa, en España, la primera vivienda certificada con estos estándares de calidad energética data del 2009. En la actualidad, hay registrados en el país cerca de 80 proyectos de casas pasivas repartidas por todo el territorio. Muy pocas para las necesidades y los beneficios que aportan.

El concepto de la arquitectura pasiva proviene de Alemania (de hecho, Passivhaus significa casas pasivas en alemán), donde se encuentra el Passivhaus Institut, la entidad que instauró los estándares de diseño para este tipo de construcción y la que otorga la certificación a los edificios que los cumplen. En España, el sello energético se puede obtener por dos vías: por la matriz germana o por entidades acreditadas. La promotora de este modelo en España fue la Plataforma Edificación Passivhaus (PEP), que resumen en cinco puntos los requisitos que han de cumplir las edificaciones pasivas: al alto grado de aislamiento térmico se le ha de sumar la ausencia de puentes térmicos, unas puertas y ventanas de altas prestaciones, la hermeticidad para impedir las corrientes de aire y la fuga de energía y una ventilación mecánica que permita recuperar el calor de manera rápida. Explicado de una manera más sencilla para el lector, el objetivo de estas construcciones es ventilar el inmueble sin que ello varíe su temperatura. Estos requerimientos aumentan el presupuesto en la construcción de un edificio, ya que hay que sumarle el gasto en mantenimiento de los equipos que se instalen en el inmueble, pero a la postre se trata de una inversión segura en todos los parámetros.

Además, cuando hablamos de casa pasiva y de energía sostenible, se valora todo. No sólo la forma de la construcción (aislamiento, orientación, etc.), sino también el modo de crear energía (climatización, geotermia, etc.). El concepto passivhaus comienza ya en la fabricación de los materiales que producirán la energía, ya sea petróleo o reciclables, y valora mucho el consumo de proximidad y calidad. Todos estos parámetros permiten que los inmuebles, ya sean de oficinas o residenciales, pasen a otro nivel y eleven considerablemente sus prestaciones. Los edificios pasarán de ser actores contaminantes a ser impulsores del medioambiente. Serán adalides del reciclaje. Ir al trabajo o a casa nos proporcionará una sensación más agradable. Y, además, costará menos a final de mes.

Fuente: Carles Rodríguez, CEO de Global Projects

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