Alertas Jurídicas domingo , 11 abril 2021
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Cómo lograr implantar la cultura preventiva en las obras de construcción

¿Existe una cultura preventiva implantada en el sector de la construcción? Rotundamente, no.

 

¿Cual es el estado actual de la cultura preventiva en el sector de la construcción?

 

 

 

Aun no existiendo una definición general que precise lo que se entiende como cultura preventiva, y constatando cierta confusión en cuanto a su enunciado, donde si hay un amplio consenso, es en la existencia de una relación directa, y en este caso, negativa, entre la falta de cultura preventiva y los accidentes laborales.

 

 

 

Las elevadas cifras de siniestralidad laboral, estando España a la cabeza de las estadísticas de accidentes laborales en Europa, que se registran cada año, ponen de manifiesto la falta de una cultura de prevención en las empresas. Casi 10 años después de la aplicación de Real Decreto 1627/97 no se ha conseguido disminuir los accidentes en la construcción, es poco lo que se ha avanzado.

 

 

 

La realidad nos refleja un panorama donde la cultura de la prevención se ha centrado en una cultura de “papel” meramente. Aun habiendo externalizado los servicios de prevención, muchas empresas se han dedicado al cumplimento meramente formal, centrada en la observancia de la ley, la inspección de trabajo, y el miedo a la sanción, no contemplando otros aspectos esenciales, como la  integración de la prevención en los procesos de la empresa.

 

 

 

Los sistemas de trabajo están centrados en disminuir las consecuencias de los accidentes, en vez de trabajar preventivamente. Procesos mal diseñados y planificados. Proyectos carentes de detalle, estudios de seguridad clónicos e inaplicables, intereses corporativistas de colegios profesionales; la cooperación entre las distintas empresas que trabajan en una obra brilla por su ausencia, técnicos desbordados con duplicidad de tareas,  falta de formación o formación en la propia obra, precariedad, temporalidad, poca cualificación, personal con escasa experiencia, eventualidad, competencia desleal, subcontratación en cadena que no aporta valor añadido a la obra, y otros problemas específicos como fenómenos emergentes, que viene a dificultar la tarea de extensión de la cultura preventiva, desconocimiento del idioma, estrés, drogas, cambios demográficos, etc. Este es el panorama que vive el sector de la construcción.

 

 

 

Existe, en la actualidad, un marco normativo, a mi entender, desarrollado en algunos aspectos en demasía y en otros escasos. En nuestro sistema conviven un sin fin de figuras denominadas “preventivas” (servicios de prevención, coordinadores, direcciones facultativas, recursos preventivos, delegados de prevención), así como otras de seguimiento y control (inspección de trabajo, sindicatos, colegios profesionales). Se ha creado una fiscalía especial para perseguir la siniestralidad laboral, pero no tenemos avances significativos en la reducción de la accidentalidad. Las actuaciones de la Inspección de trabajo, bajo mi punto de vista, tiene una visión desenfocada, va en contra del espíritu preventivo de la Ley, no promueve una verdadera cultura preventiva, lo hagas bien o mal, “culpable”.

 

 

 

Seguimos teniendo una vía, anárquica, oportunista, que permite todo tipo de empresarios, con independencia de su capacidad y compromiso en materia de prevención de riesgos de seguridad y salud. Falta comunicación entre los actores. Falta de estructuras productivas.

 

 

 

No sólo es cuestión de leyes, sino de CULTURA con mayúsculas. La ley es clara, y señala a las empresas como responsables directas de la seguridad de sus empleados, así como exige una integración real de la prevención en todos los procesos y niveles jerárquicos.

 

 

 

           

 

No existe una cultura preventiva, ni costumbres preventivas. Las líneas emprendidas por las empresas van mas dirigidas a crear costumbres preventivas. En este panorama la cultura preventiva queda reducida a actuaciones puntuales, teniendo que replantearnos nuevas líneas de actuar.

 

 

 

El proceso productivo en la construcción es muy cambiante, donde definimos y estudiamos riesgos en procesos que cambian minuto a minuto. Es imposible hacer prevención, si el asegurado no se involucra ni colabora en el proceso. 

 

 

 

Los enfoques preventivos actuales están demostrando su insuficiencia, no consiguiendo los objetivos parciales de reducción del numero de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. La siniestralidad en las obras sigue siendo inasumible.  Somos consciente de que la accidentalidad no es una consecuencia del ejercicio de la propia actividad, si no de una inadecuada política de prevención.

 

 

 

La prevención de los riesgos laborales es una exigencia ética, legal y social que ha de ser integrada, como un elemento más de mejora, en cada una de las actividades que se llevan a cabo, y en todos los niveles jerárquicos. La implicación en la prevención de riesgos afecta a todos los integrantes del proceso. Este aspecto toca de lleno el concepto de la Responsabilidad Social Corporativa de toda empresa.

 

 

 

Dentro de los planes de acción de las compañías, difícilmente, se refleja el concepto “cultura preventiva”. Podemos utilizar este término, haciendo referencia a la cultura en que opera la prevención. También valdría definirla, algo así, como una manera de trabajar que evita los accidentes laborales. Es trabajar como si el trabajo en curso pudiera causar un accidente a los siguientes usuarios/trabajadores del proceso. Los procesos empresariales siempre van en cadena, incluso en el sector de la construcción, con la idea de que el cliente de la seguridad es, además de uno mismo, las personas que realiza los trabajos posteriores.

 

 

 

No confundir Cultura Preventiva con Sistema de Gestión de la Prevención. La cultura requiere de liderazgo  de la propia empresa, si es realizada por consultores externos y no apoyada por las propias empresas, conseguiríamos una certificación, pero no lograríamos un cambio cultural.

 

 

 

Es una nueva forma de trabajar, no es papeleo, no implica documentación, firmas o inversiones. La inversiones realizadas en los sistemas o planes preventivos son prácticamente irrelevantes para la creación de la cultura preventiva. La gestión de la prevención tradicional, no es efectiva para evitar la siniestralidad, es fundamentalmente burocrática.

 

 

 

El empresario ve “la cultura preventiva” como un nuevo gasto, otro escalón mas del mercado, calidad, medioambiente, y ahora prevención. Sin embargo es una cosa concreta, que no cuesta dinero, es algo como hacer todos los trabajos, como si cada uno de ellos pudiera provocar un accidente.

 

 

 

¿Qué conviene mas a las empresas, cumplir el mínimo legal o desarrollar una cultura preventiva? La cultura preventiva presenta una opción mejor, ya que no es un gasto sino una inversión productiva, ya que obliga a que todos los niveles de la empresa planifiquen sus trabajos, evitando no solo los accidentes, sino  errores, omisiones o imprevistos, reduciendo los retrasos, reduciendo gastos de no calidad.

 

 

 

Incluso algunos autores, defienden la cultura preventiva como forma de actuación estratégica dentro de las empresas. La identificación y la comprensión de la cultura preventiva debería ser, algo básico, a fin de luego poder actuar de manera eficiente, segura y eficaz.

 

 

 

En la construcción existe una forma de trabajar muy extendida, trabajar como si estuviéramos solos en la obra, y que el que venga por detrás que se “busque la vida”. Necesitamos cambiar dicha cultura si queremos cambiar los índices de siniestralidad. Tenemos que trabajar en cadena, cambiar costumbres, es necesario un cambio cultural profundo. El proceso de cambio será difícil, ya que las costumbres están muy arraigadas.

 

 

 

Solo puede darse este cambio, como resultado de un proceso de aprendizaje que debe dar comienzo en la escuela primaria, continuarse en la enseñanza profesional mediante la integración de las actividades preventivas en el propio proceso formativo, especialmente en sus aspectos prácticos. Del mismo modo debería seguir en los niveles superiores del sistema educativo, si bien en este caso la atención debería dirigirse hacia las personas que puedan encontrarse bajo su mando. La función de estos profesionales será clave en este sentido.

 

 

 

¿Por donde  empezar?. Si  “la cultura preventiva” se genera por la gestión preventiva de las empresas, y esta, por integrar la prevención en todos sus procesos, las actuaciones preventivas, deberían ir encaminadas a poderse integrar en su sistema de gestión, y formar parte intrínseca de los procedimientos de trabajo, en todos  sus niveles, asegurando unas condiciones de trabajo adecuadas. Deben comenzar por la alta dirección, y seguidamente continuar hasta la base, solo así todos tendrán seguridad. El trabajo de integrar la prevención en todos los niveles jerárquicos, no es diferente de integrar un sistema de calidad, o implantar una aplicación informática.

 

 

 

A su vez la planificación de procesos debe tener integrado la prevención. Se habrá realizado, si previamente, se han previsto todos los pasos necesarios, desde el diseño, ejecución, hasta su explotación. Surge el concepto que algunos autores llaman “trabajar para el siguiente”. Se trata de identificar el trabajo a hacer, y seguidamente evaluar las condiciones de ejecución. Trabajar para el siguiente, planificación, puede llevarse a cabo mediante actuaciones en equipo, con metodología adecuada.

 

 

 

Una buena planificación debe analizar con profundidad hasta que punto es necesario asumir el riesgo y cuando el mismo es inaceptable. Seria equivocado no pensar que una acción realizada pueda provocar peligro, y tratar de reducir todo a la expresión cero. Si hacemos esta simplificación, nadie creería realmente en el beneficio de las medidas a tomar, puesto que estaríamos diciendo que la única forma de evitar un peligro es no realizando una actividad, que es necesaria y útil hacerla. Siempre se pueden minimizar los riesgos, siempre se puede mejorar un aspecto sobre las diferentes variables de modo que rebajen el resultado final. Pero ¿el riesgo no puede reducirse? La respuesta es si. Los riesgos deben y pueden reducirse a cero, eso solo puede conseguirse en muy pocas ocasiones y ante riesgos muy concretos.

 

 

 

Todo lo comentado hasta ahora es valido para todos los sectores, incluido para el sector de la construcción, aun con las peculiaridades del mismo. Si bien las acciones específicas a realizar, de cara a la implantación de una gestión preventiva eficaz en nuestro sector, serían ilimitadas, y basándonos que existe una falta de prevención en el origen del proceso, nos centraríamos en dos cuestiones, el desarrollo de la figura del Coordinador de Seguridad y Salud durante la elaboración del proyecto, y el Estudio de Seguridad y Salud.

 

 

 

Hay que empezar centrado la figura del Coordinador de Seguridad y Salud en la fase de elaboración del Proyecto. En el sector de la construcción, y concretamente en el año 1997, nace la nueva figura, representante del espíritu preventivo del RD 1627/97, el Coordinador de Seguridad y Salud.  Trato de crear un representante de la cultura preventiva, pero a día de hoy, 10 años después, la realidad nos demuestra que no es así. Si bien la figura del Coordinador de Seguridad y Salud en fase de ejecución esta asumida, que no bien utilizada, el Coordinador de Seguridad y Salud en fase de elaboración del proyecto es una figura prácticamente inexistente, volcándose en actuaciones de carácter formal y documental. Sus funciones no son claras, existe confusión respecto a su necesidad, no coordina, acaso vigila (no cultura preventiva). Es la figura mas olvidada, pero la que mejor representa la cultura preventiva.

 

 

 

Uno de los principios de la acción preventiva es combatir los riesgos en su origen, que mejor manera que atacarlos desde el momento de su creación, el diseño, cobrando vital importancia la figura del Coordinador de Seguridad y Salud en fase de elaboración del proyecto (CSSP), como un instrumento de implantar la cultura de preventiva.

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